La Leyenda de Ignacio

Esta es otra leyenda más del Panteón de Belén. Se origina con un niño de nombre Ignacio, que tenía fobia a la oscuridad, nunca se podía quedar solo, sin luz y tampoco en lugares pequeños.

Por desgracia el niño murió, creando un dolor inmenso en los padres. El niño fue sepultado en el Panteón de Belén. Para sorpresa de los trabajadores del cementerio, al otro día de ser enterrado, encontraron la tumba del niño abierta. Volvieron a cerrar la tumba y al amanecer, estaba de nuevo abierta, así pasó lo mismo por unos días.

Los papás al saber la situación, recordaron la fobia de su pequeño hijo y decidieron sacar la tumba y ponerla en alto, para que así su hijo no estuviera bajo tierra.

En la actualidad los visitantes dejan juguetes y dulces para que el pequeño Ignacio pueda seguir jugando. Así que no olviden llevar su juguete si pasan por este panteón que se encuentra en Guadalajara, México.